¿Qué
es un Broker?
A pesar de su uso habitual en el habla hispánica, la palabra
Broker es un anglicismo que no se encuentra en el diccionario
de la Real Academia Española de la Lengua. En el mundo
anglosajón, esta palabra define la actividad de aquél
que intermedia en la compraventa de acciones, participaciones
o activos de una empresa por cuenta de un tercero.
Las grandes consultorías internacionales incluyen dentro
de su portafolio de servicios corporativos (Capital Corporate)
los servicios denominados de Asesoría en M&A (Mergers
& Acquisitions), rehuyendo habitualmente el término
intermediario. Hasta hace poco, éste era muchas veces visto,
más como un mero “correvedile” que como un
asesor profesional, que añade valor a la transacción
encomendada.
Una empresa de Brokers ofrece a sus clientes una amplia gama de
servicios profesionales, todos tendentes a aportar valor a la
transacción encomendada. Es pues importante que los clientes
conozcan estos servicios y valoren lo que su contratación
puede aportar al planteamiento de la operación. Un Broker
se enfrenta a condicionantes que requieren tanto de conocimientos
de sicología, como de economía o derecho. En España,
la carga sicológica es mayor por el hecho de que, mientras
en los EEUU es muy común vender las empresas y sus propietarios
son admirados por ello, orgullosos de conseguir tal éxito;
en España, muy al contrario, el propietario de una empresa
se siente frecuentemente sometido a un proceso moral por el que,
en muchos casos, se considera interiormente fracasado. En el fondo,
la cultura empresarial mediterránea desea que su negocio
sea transmitido, generación tras generación, y cualquier
interrupción de este proceso, aunque sea por dificultades
de sucesión, es un despropósito. Mayor pena aún,
si es por razón de necesidad financiera o de estrategia
obligada ante la evolución de su mercado. Sea por lo que
sea, el propietario se enfrenta ante lo que, posiblemente, sea
la transacción más importante de su vida.
Ante la
operación de venta de su empresa, el empresario se encuentra
muchas veces solo, con la sensación de fracaso profesional
y personal, y con el sentimiento de vender un hijo, como si lo
traicionara. Por ello, resulta una ventaja evidente la solución
de hacerse asesorar por unos expertos que han hecho de ello su
profesión, no están implicados ni económica
ni emocionalmente y han adquirido gran experiencia a través
de numerosas y muy variadas operaciones.
Conocedor del esfuerzo que representa para ese propietario, abrir
las puertas de su "casa", y a menudo de "su cocina",
informando al Broker de secretos que incluso sus más íntimos
familiares en muchas ocasiones no conocen, se requiere de un tacto
muy especial pero, a la par, de un lenguaje claro, transparente
y sincero, intentando comprender y defender sus intereses. El
Broker deberá averiguar muy bien qué quiere realmente
su cliente, definir todos los condicionantes de la operación
y aconsejarle la forma de transacción más adecuada,
entre las muchas opciones y métodos que existen de vender
una empresa o buscar un socio. El Broker, al afrontar una operación,
tiene que involucrarse en el entorno del cliente, apoyándole
tanto a nivel personal como profesional e incluso, frecuentemente,
preservándole de cometer errores motivados por su inquietud,
angustia o desconocimiento táctico. El Broker es pues un
"creador de valor" en la cadena de las transmisiones
corporativas. El Broker es, generalmente, un alto directivo (muchas
veces ex empresario) que aprende concienzudamente el caso que
tiene delante: empresa y propietario. Sabe analizarlo y documentarlo.
Sabe elegir los mejores interesados. Sabe informar confidencialmente.
Y sabe ser un buen coordinador de posiciones a encontrarse, amalgamador
de voluntades y fino negociador, capaz de persuadir y convencer.
Una persona con personalidad madura y resolutiva, capaz de hacerse
respetar ante las partes, quienes confían en él
para el buen término de la operación.
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